26.07.09 -
BURGUERA VALENCIA
Toda familia tiene una historia y la de los Zamorano empieza en los caminos de Valencia, a bordo de un par de carros tirados por caballos. Aunque hay documentos que se remontan a 1913, cuando Vicente Zamorano fundo la empresa, su nieto asegura que en la casa de estos tranportistas se sabe que ya el abuelo del fundador de la empresa se dedicaba a llevar mercancía de allá para acá. El boca a boca permite remontarse, por tanto, a una saga empresarial prolongada durante seis generaciones.
Hoy, el Grupo AZA da trabajo directa o indirectamente a más de 300 personas a través de una red empresarial dedicada a los aparcamientos, los inmuebles industriales, la náutica y la restauración. La esencia de su negocio, en cualquier caso, continúa siendo aquella que se inició oficialmente hace cerca de un siglo, el transporte.
A pesar de una brillante trayectoria, Transportes Alfonso Zamorano no ha podido abstraerse de la crisis, y 2008 cerró con un descenso de la facturación, que pasó de 32,3 millones en 2007 a 29,7 millones el año pasado. No obstante, una firma con tantos años a sus espaldas y concesionaria de la mulinacional DHL es una dudosa candidata a quedarse parada.
«Hemos analizados todos los procesos de la empresa y eliminado lo que no da valor añadido. Dividimos nuestra actividad productiva en 50 puntos y procedimos a trabajar sobre ellos para reducir costes. Hemos logrado rebajar nuestro tamaño para ser más dinámicos y económicos, lo que nos ha permitido salir al mercado con precios muy competitivos que nos permite compensar la bajada de actividad general a través del aumento de la clientela. Hemos ahorrado tiempo, lo que significa dinero, en cerca de un 30% de reducción de costes», explica Alfonso Zamorano Aguado, presidente del Grupo AZA y tercera generación de una empresa que ya ha dado paso a la cuarta generación en lo que a la dirección empresarial se refiere, si bien la gestión de las diferentes divisiones se ha profesionalizado.
«Sería mucha suerte que mi abuelo fuese un buen gestor, y mi padre, y yo, y mis hijos, de modo que hemos decidido eliminar ese azar y profesionalizamos la empresa, si bien el consejo familiar es el que decide las estrategias que posteriormente se ejecutan», señala Alfonso Zamorano.
El abuelo de su abuelo ya hacía movimientos de mercancías, «Mi abuelo lo que hacía es ir cargado de muebles a Alcoy y venía con tejidos a Valencia. Con dos carretas y dos caballos tardaba una semana en ir y otra en volver y, además, tuvo la idea de hacer carros especiales para cargar mucho volumen en la ida y luego plegar el carro para soportar el mayor peso en la vuelta. En los años 30, de la mano de Alfoso Zamorano Sanchis, se empieza a trabajar con vehículos a motor. En 1963 se pacta con La Guipuzcoana una asociación que se prolongó durante 40 años. A partir de los ochenta diversificamos. En cualquier caso, el core bussines es el transporte, y la planta puesta en funcionamiento en 2000 fue, en ese momento, la más avanzada de Europa de su sector», relata Alfonso Zamorano.
Lo peor de la crisis ha pasado, aunque se ha cobrado una veintena de puestos de trabajo y retroceder a la división de transportes al año 2005. «Lo único que podemos hacer a partir de ahora es crecer, lo haremos poco a poco y tardaremos quizá seis o siete años en recuperar los datos de 2007, pues actualmente no crecemos en cuanto al volumen del cliente, sino respecto al número de clientes. Hemos ganado cuota de mercado a través de una política de captación más agresiva», cuentan desde la empresa, que prevé durante el tercer y cuatro trimestre de este año experimentar «una notable mejoría».
Los Zamorano se mueven con energía, se nota que ese nervio propio de los emprendedores se va transmitiendo en los genes, si bien la actividad del transporte ha cambiado radicalmente en estos casi 100 años. «A principios de esta década pasamos de dar un servicio nacional a realizarlo a nivel europeo, de modo que lo que hacíamos antes a mano ahora no podríamos volver a asumirlo porque nuestro volumen de actividad es mucho mayor», detalla Alfonso Zamorano, quien explica que «para ser una central logística hace falta muchísima mano de obra, cualificada en niveles muy distintos, pues damos un servicio muy concreto a la hora de tratar las mercancías, que no sólo se mueven, sino que se gestionan desde su almacenaje hasta la organización y división de un contenedor en varios destinos». Nada más lejos de las labores de los primeros Zamorano, al mando de unas carretas.


